Lucy en el cine con diamantes

La cinta cuenta desde el punto de vista de la ciencia ficción lo que sucedería si el ser humano pudiera usar el 100 por ciento de la actividad cerebral

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[Iván Serrano Jauregui (@ivánBien) | Guadalajara, Jalisco, 30 de Septiembre del 2014]

  • LUCY
  • Francia 2014 | Dirección: Luc Besson | Productora: Europacorp | Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Waked, Choi Min-sik.
  • “Se estima que la mayoría de los seres humanos sólo utiliza un 10 por ciento de las capacidades del cerebro. Imaginen si pudiéramos acceder al 100 por ciento. Cosas interesantes comienzan a suceder” esto es lo que Samuel Norman (Morgan Freeman) pronuncia frente a la comunidad científica internacional reunida en París mientras que en Taiwan, Lucy, una ingenua estudiante norteamericana (Scarlett Johansson), es traicionada por su novio quien la involucra con la mafia coreana para transportar una nueva droga que le fue introducida quirúrgicamente en su abdomen. Ella y otros cuatro individuos son obligados a llevar a sus respectivos países la sustancia que produce una excitación corporal nunca antes vista con sólo inhalar pocos cristales. Lucy lleva consigo un kilogramo de la llamada CPH4 en un paquete que se ha roto y que ingresa a su torrente sanguíneo, que le ocasiona una transformación neuronal y psíquica que comienza a elevar su actividad cerebral y que en efecto, cosas increíbles comienzan a ocurrir.

    El filme escrito y dirigido por el francés Luc Besson presenta un universo basado en teorías sobre la transformación de la actividad y capacidad física y psíquica del hombre, a partir del incremento de la actividad cerebral; por supuesto algún experto en ciencia podría explicar las eventualidades presentadas en este largometraje; sin embargo, en el mundo de Lucy la respuesta es que todo eso está sujeto al desempeño mental.

    Besson continúa con la línea de historias protagonizadas por heroínas poderosas; sin embargo, a diferencia de Nikita (1990), Quinto Elemento (1997) o Juana de Arco (1999), en este filme existe una disparidad en la fortaleza de los personajes; por un lado está el trabajo de Johansson que logró un personaje cambiante que demuestra credibilidad actoral al cambiar vertiginosamente de ser vulnerable ante situaciones duras que cualquier persona podría vivir a una mujer de carácter fuerte y casi indestructible; y por otra parte hay un reparto que no brilla y que parece estar únicamente al servicio de la protagonista, ni Morgan Freeman se salva de esa opacidad al repetir al sabio facilitador para el héroe de la trama, como lo hizo en su papel de Lucius Fox en la triología de Batman de Cristophen Nolan.

    Al final lo que se reconoce es que el diseño sonoro, la fotografía, la iluminación y la edición dan un ritmo de película de acción que engrana y permite admirar las secuencias que se le reconocen a la producción; aunque nada de eso, ni los escenarios asiáticos y europeos, ni las escenas de combate contrarrestan los atentados a la lógica del universo que al inicio luce real para después convertirse en ilógico e incluso mágico.

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